La palabra diaria

January 5, 2012

Meditación: Juan 1,43-51

San Juan Neumann

Felipe le dijo a Natanael que ha­bía encontrado al que parecía ser el Mesías, a Jesús de Nazaret, y aquél respondió con escepticismo: “¿Acaso de Nazaret puede salir algo bueno?” (Juan 1,46). Su perspectiva humana empañaba su entendimiento y no le dejaba ver ni reconocer quién era Jesús en realidad; pero al encontrarse personalmente con el Señor declaró con entusiasmo: “Maestro, ¡tú eres el Hijo de Dios, tú eres el Rey de Israel!” (Juan 1, 49).

¿A qué se debió que Natanael acep­tara la revelación con tanta facilidad? Cuando Jesús lo vio venir, dijo: “Aquí viene un verdadero israelita, en quien no hay engaño” (Juan 1,47). Natanael trataba de tener una buena relación con Dios y en su búsqueda de la ver­dad, era sincero, sin hipocresía ni acti­tudes engañosas.

Precisamente, por ser íntegro y ho­nesto ante Dios y ante sus semejantes, tenía buena disposición interior para recibir al Mesías y cuando llegó a pre­sencia del Señor pudo reconocer que Jesús era el Hijo de Dios, porque el de corazón puro percibe a Dios (Mateo 5,8). Natanael tenía la virtud interna de un corazón no manchado por el en­gaño, y una auténtica fe en la bondad de Dios, no limitada a la demostración externa, porque sin las cualidades de pureza y santidad, no se puede ver a Dios (Hebreos 12,14).

Era tradicional en Israel que los fieles se sentaran a la sombra de una higuera para orar y meditar en la Pa­labra de Dios. En tan apacible reposo, Natanael buscaba a Dios, orando y leyendo las Escrituras y reflexionando en su propia vida, con los ojos espiri­tuales abiertos, y pudo ver que Jesús era el Hijo de Dios.

Del mismo modo, nosotros tam­bién podemos llegar a conocer más profundamente a nuestro Señor y Salvador si abrimos la mente y el corazón dedicándonos a la oración y al estudio de su Palabra, queriendo sinceramente librarnos del pecado. De tal forma, la perspectiva de Dios va re­emplazando el escepticismo propio de la perspectiva humana. Si practicamos la oración y estudiamos la Palabra de Dios, nosotros también reconocere­mos que, unidos con Jesús, estamos en la presencia de Dios.

“Espíritu Santo, Señor, ayúdame a librarme de la hipocresía y el engaño en mi vida; crea en mí un espíritu limpio, para que pueda conocerte y seguirte con todo mi ser.”

1 Juan 3,11-21, Salmo 100,1-5

La palabra diaria

December 4, 2011

Paz interna


Cristo nace en mí y disfruto de una paz profunda.

Al prepararnos para celebrar el nacimiento de Jesús en esta temporada navideña, comenzamos por hacer espacio para el espíritu crístico en nuestros corazones. Jesús nos enseñó con Su ejemplo. No habiendo nacido en un mundo de paz, Él trabajó para establecer paz en este mundo.

Como creación amada de Dios, no necesito esperar que el mundo a mi alrededor esté en calma para abrir mi corazón y ofrecer la paz divina en mí. Glorifico a Dios, aquieto mis pensamientos y, en un momento de oración, evoco la presencia crística en mí. El Príncipe de la paz encuentra un hogar en mi corazón. Al sentir y expresar la paz bendita y profunda que mi Cristo inspira, el cielo se establece en la Tierra y Cristo nace en mí.

María dijo: “Aquí está la sierva del Señor; hágase conmigo conforme a tu palabra.”—Lucas 1:38

La palabra diaria

November 19, 2011

Paz mundial


Contribuyo a un mundo donde prevalece la paz.

Como valoro la paz, dejo ir mis apegos a la manera como los demás deben ser o actuar. Tengo fe en el amor divino que se mueve en mí y por medio de mí para guiar mis relaciones personales. Siento paz interna y la comparto amando a las personas. A medida que el amor fluye de mí hacia el mundo, más personas de las que puedo imaginar son bendecidas.

En 1971 John Lennon escribió: “Imagina”, una canción que expresaba su sueño de un mundo en paz: Imagina a toda la gente viviendo la vida en paz. … Puedes decir que soy un soñador, pero no soy el único. Espero que algún día te unas a nosotros y el mundo será como una sola persona. Mantengo esta visión para el mundo gracias a la paz de Dios en mí.

Por lo tanto, sigamos lo que contribuye a la paz y a la mutua edificación.—Romanos 14:19

La Tristeza que duele…

September 20, 2011

Por: Fátima Florimón

Según el diccionario definiríamos la tristeza como “Una de las emociones básicas (no natales) del ser humano, junto con el miedo, la ira, el asco, la alegría y la sorpresa. También como un  estado afectivo provocado por un decaimiento de la moral. Se dice también que es la expresión del dolor afectivo mediante el llanto, el rostro abatido, la falta de apetito, etc.” Observamos la definición y vemos que dice “No natales” esto podría decirse que es ¿una conducta aprendida?, que ¿no nacemos con tristeza integrada dentro de nosotros? O sea que según el diccionario ¿podríamos enseñar a nuestros hijos a estar tristes?

Entendiendo que la tristeza es una emoción, podríamos decir que le damos permiso a entrar o no,  en nosotros, porque como seres humanos somos capaces de controlar nuestras emociones, al igual que la felicidad, la tristeza es muy relativa, es por esto que no es natal, no nacemos con un código que nos indica que ante una situación determinada estaré o no triste. Diríamos entonces que puedo decidir si estoy triste o no.

Pero cuando dentro de la tristeza hay dolor, es cuando viene envuelta dentro de la frustración y de la impotencia. Una situación determinada llego a nuestras vidas y no la podemos controlar, dentro de esta tristeza hay dolor. Sabiendo que no tenemos control es cuando acudimos al ser supremo llamado Jesús, quien según su palabra “cambia nuestro lamento en baile, Salmo 30:11”

Según algunos expertos “La tristeza no se cura con píldoras”, mas bien las píldoras nos hunden aun mas en el sentimiento de frustración creyendo que solos no somos capaces de salir de él. ¿Por qué medicarnos ante la tristeza si no existe ninguna prueba objetiva para diagnosticar la enfermedad?, la enfermedad esta dentro de nosotros mismo así que la cura también.

La palabra diaria

September 9, 2011

Paz interna
 

En el silencio, en la presencia de Dios en mí, encuentro paz.

A veces quizás me sienta desvinculado espiritualmente. Aunque sé que ésta no es la verdad de mi ser, puede que me sea difícil sentir paz. De ser así, reconozco mi intranquilidad interna y la acepto como parte de mi jornada. Permito que la presencia de Dios sosiegue mi conciencia según oro.

En el silencio de la oración, enaltezco la presencia de Dios en mí, me unifico a un poder mayor y siento paz. Estos momentos devotos, me ayudan a sentir esa presencia divina de manera real y profunda.

Una vez que me he recargado y he descubierto la paz de Dios en mí, estoy listo para compartirla en mi vida diaria. Pienso, hablo y actúo de maneras que irradian paz.

Ahora, pues, Dios mío, te ruego que estén abiertos tus ojos y atentos tus oídos a la oración en este lugar.—2 Crónicas 6:40

La palabra diaria

August 17, 2011

Guía

Tengo fe en la infinita sabiduría divina.

Escrita por Hannah More Kohaus hace muchos años, “La oración de fe” nos ofrece esta promesa:

Dios satisface mi necesidad;
sacia mis hambres Su inmensa piedad;
conmigo anda y es mi guí a
cada minuto de este día.
Ahora ya tengo sabiduría,
verdad, paciencia, bondad, amor;
todo lo puedo, todo lo soy,
en Cristo luz del alma mía.
Dios es salud, no puedo enfermar;
Dios es mi ayuda, no falla jamás;
Dios es mi todo, voy sin temor
bajo las alas de Su amor. Amén.

Acepto todo lo que esta oración asegura y confío en la sabiduría eterna de Dios.

Fuente: Unity

La palabra diaria

July 24, 2011

Doy con gozo y deleite.

Las oportunidades para dar abundan. Avivo mi gozo cada vez que aprovecho cada una de ellas. Dar de mi tiempo, mi talento o mis posesiones no es una carga. No doy por obligación. Doy con amor. Doy con gozo y deleite, sencillamente porque deseo contribuir. ¿Qué daré hoy?

Quizás dé ánimo a un amigo, lleve algo para merendar con mis compañeros de trabajo, sirva de voluntario, done aquello que ya no uso y que está en buen estado a una organización caritativa o apoye a una centro espiritual. Al contar mis bendiciones al final del día, sonrío cuando recuerdo cómo fui un canal del bien de Dios hoy. Mi corazón se llena de gozo al dar.

Cada uno dé como propuso en su corazón: no con tristeza ni por obligación, porque Dios ama al dador alegre.—2 Corintios 9:7

unite

La palabra diaria

May 21, 2011

Consuelo

Al poner cualquier desafío en manos de Dios, siento paz.

Cuando experimento un cambio o una pérdida, me dirijo a Dios por consuelo. Dios es mi compañero seguro y estable. Una manera de vincularme más profundamente con Dios es escribirle una carta, quizás como parte de un diario. A medida que mis palabras se vierten en la página, dejo ir cualquier carga que haya tenido sobre mis hombros. Comparto mis pensamientos y sentimientos con Dios tan libremente como lo haría con un amigo querido.

Mi carta es en sí una oración. No se necesita ninguna estructura en particular, sólo que las palabras salgan de mi corazón.

El mismo Jesucristo Señor nuestro, y Dios nuestro Padre, el cual nos amó y nos dio consolación eterna y buena esperanza por gracia, conforte vuestros corazones y os confirme en toda buena palabra y obra.—2 Tesalonicenses 2:16-17

La palabra diaria

March 15, 2011

Perdonar

Cada vez que perdono, mi corazón se abre.

Al abrir mi corazón al amor, encuentro la fortaleza para perdonar. Aferrarme a sentimientos de resentimiento o juicio puede parecer lo correcto cuando se me hace difícil perdonar. Quizás desee que la persona cambie antes de perdonarla. Mas siempre puedo permitir que el espíritu del Cristo en mí abra mi corazón al amor y el perdón.

Gracias al Cristo en mí y Su fortaleza, tengo la entereza y el valor para soltar el peso de la falta de perdón. El amor crístico es más fuerte que cualquier percepción de injuria o daño. La rudeza de otra persona no tiene poder para herirme. Perdonar es amar, y amar es permitir que el espíritu crístico me sane.

Y cuando estéis orando, perdonad, si tenéis algo contra alguien, para que también vuestro Padre que está en los cielos os perdone a vosotros vuestras ofensas.—Marcos 11:25

unity

La palabra diaria

February 18, 2011

Gozo

Soy una expresión gozosa del Espíritu.

En el momento de mi creación el universo entonó una nueva melodía, soy un cántico gozoso. Cada uno de nosotros es una expresión única del espíritu de Dios.

Comienzo el día en oración, vinculándome con el gozo puro de mi ser. Durante el día, el gozo burbujea por medio de mí como risa, compasión, gratitud y un sentimiento de bienestar. Comparto mi gozo porque sé que el Espíritu me ha elegido para ser una presencia gozosa en el mundo. El júbilo es testimonio de la presencia viviente y amorosa de Cristo en mi vida.

Comoquiera que mi día se haya desenvuelto, me dirijo a Dios en oración –dándole gracias por las oportunidades que tuve de ser y de sentir gozo.

¡Mi corazón y mi carne cantan al Dios vivo! –Salmo 84:2

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